Propuesta de cambio

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Por Mayra M Rivera con la colaboración de Edwin D. Rivera y editado por Erika Marrero
Estábamos Edwin y yo cogiendo el Taller de Periodismo Ciudadano de AtmaGo que se le presentó a la Sociedad Puertorriqueña de Ciencias Agrícolas (SOPCA). De pronto, se nos presentó un tema de discusión: “Reto para la Soberanía Alimentaria en Puerto Rico: Competencia con Productos Importados.”
Analizábamos el tema y Edwin, agricultor de la Finca Oro Rojo, me menciona: “cuando los Estados Unidos entran a Puerto Rico, cambian la cultura de alimentación para sacarle provecho a la colonia y comienzan a introducir nuevos productos alimentarios, acostumbrando a la población”. Entonces, me pregunta: “¿Puede vivir el puertorriqueño sin comer arroz?”. Yo contesto que no y él responde: “Sí.”
Recalcó que el mayor problema de por qué hay competencia con los productos importados en Puerto Rico se refleja en el precio de los productos (viandas), porque los Estados Unidos ofrece subsidios a los agricultores estadounidenses que no son ofrecidos a los agricultores en Puerto Rico. Por lo tanto, la agricultura no es vista como un mercado laboral atractivo, que causa poca producción local y conlleva que las personas tengan que recurrir al producto importado.
Fue, entonces, cuando se me ocurrió una idea, una propuesta de cambio. Hay muchos lugares en Puerto Rico (y en otros países) donde las personas son dueñas de terrenos o alquilan propiedades con terrenos y, en la mayoría de esos terrenos, la gente generalmente siembra grama, o no siembra nada. Mi propuesta de cambio es la reeducación; que la gente siembre aunque sea una cuarta parte de esa grama o ese espacio con hortalizas, para educarles a cultivar; para que aprendan a apreciar y valorar las cosechas, y asimismo puedan aprender a apreciar el trabajo y el producto del agricultor puertorriqueño.
Haciendo pequeñas hortalizas en el jardín, llevando agrónomos, agricultores, horticultores y otros profesionales a las escuelas de la comunidad para enseñar a los niños desde pequeños a entender los beneficios del cultivo, es el primer paso para el cambio. También logramos cambiar comunicándonos con autoridades locales para habitar hortalizas en terrenos de escuelas públicas y así beneficiar a las comunidades que las rodean.
Esto no sólo debe ser una obra en Puerto Rico; puede tratar de implementarse en otros lugares donde haya ciudadanos dispuestos a compartir sus terrenos que están ahora cubiertos de grama o de basura, y reemplazar a éstos con cultivos de plantas beneficiosas.
Yo crecí rodeada de plantas frutales y ornamentales y conozco el beneficio que traen. Comparto el amor por las plantas, al igual que mis padres lo hicieron, pero también conocí personas que repetían esa frase de menosprecio a la agricultura: “si no sacan buenas notas, se van a quedar sacando batatas en el campo”. Esto es un estigma que quizá aún existe en muchos hogares y sería bueno reeducar a nuestro pueblo para que entiendan que el cultivo no es un castigo, es un orgullo, un privilegio, es una forma de vida que nos beneficia a todos.

  2 Comentarios

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Maria Rivera

Guest
Me gusta eso. Creci en el campo y volvi al campo. Quiero hacer mi huerto casero.

Puruca Orraca

Guest
Tu propuesta de cambio me parece gratificante y esperanzadora.
Ni tengo tierra disponible para sembrar, pero su día n espacio (pequeño patio interior) que recibe luz y algunas horas sol directo.
Estoy en las de orientarme hacia el desarrollo de un pequeño huerto.
Le felicito por su iniciativa.

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